by Greg Garrison
Read Psalm 107

Several years ago I attended a funeral where the service was held in the fellowship hall rather than the sanctuary. During the pastor’s remarks, he explained that the person was not a member of that Protestant denomination so the funeral could not be held in the sanctuary based on denominational guidelines. I will always remember his words: “Membership has its benefits.”

Reading Psalm 107, the major theme is “Let him give thanks to the Lord for His unfailing love and His wonderful deeds for men.” As we move through the Lenten season, let us give thanks to God for sending Jesus as payment for our heavenly membership. God’s gift of eternal life is not offered based on Jew or Gentile, Catholic or Protestant, country of origin, race, or gender, but as a gift to all humankind. 

With the words during the sacrament of Holy Communion, “all are welcome, this is the Lord’s Table,” I am reminded that we are followers of Christ in a Methodist tradition. 

O Lord our God, grant us grace to desire you with our whole heart, that so desiring we may seek and find you, and so finding you, may love you, and loving you, may hate those sins from which you have redeemed us. Amen. —St. Anselm of Canterbury


Hace varios años asistí a un funeral donde el servicio se realizaba en el salón de la comunidad más que en el Santuario. En su comentario el Pastor, explicó que la persona no era miembro de esa denominación protestante, por lo que el funeral no podía ser sostenido en el Santuario basado en las directrices denominacionales. Siempre recordaré sus palabras: “La membresía tiene sus beneficios.”

Al leer el Salmos 107, el tema principal es “Que demos gracias al Señor porque Su amor inquebrantable y Sus maravillosas obras perduran.” Mientras avanzamos en la Cuaresma, démos gracias a Dios por enviar a Jesús como pago por nuestro celestial afiliación. El regalo de Dios de la vida eterna no se ofrece basado en judíos o gentiles, católicos o protestantes, país de origen, raza o género, sino como un regalo para toda la humanidad. Las palabras durante el sacramento de la Sagrada Comunión, “todos son bienvenidos, ésta es la Mesa del Señor,” me recuerda que somos seguidores de Cristo en una tradición metodista.

Dios nuestro Señor, concédenos la gracia de desearte de todo corazón, para que tan deseosos te busquemos y te encontremos, y al encontrarte te amemos, yal amarte odiemos los pecados de los cuales nos has redimido. Amén. —St. Anselmo de Canterbury

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