by Sharon McKenzie
Read Psalm 119:121–144

The words of the Psalmist remind me of my journey through cancer treatment and how it resembles my faith journey. It began with surrender. Upon diagnosis, I was asked to leave my carefully constructed life plan. Oncologists, radiologists, nurses, and case workers took over my daily schedule. I was no longer in charge of my life and I leaned on the psalmist’s words, “Let thy mercy come to me, that I may live.”

As I admitted my vulnerability and accepted help from friends and family, I was surprisingly blessed.  My proud independence dissolved, as I was surrounded by their love and support. I am convinced that my openness to receive this love was essential in my healing. “That in faithfulness you have humbled me.” I experienced loss of hair, weight, and energy, as my physical body transformed in treatment. I was also losing something else: the cancer. I was moving toward healing. I became aware that this stripping down process was an essential side effect for my spiritual transformation, as well.

Today, thanks be to God, I am four years post-treatment with no recurrence. Cancer is not a path I would have chosen, but thankfully I discovered through this experience a new way to experience God. “Thy faithfulness endures to all generations.” Amen!

Lord, open our hearts to receive your love and grace. Amen.


Las palabras del salmista me recuerdan mi jornada de tratamiento a través del cáncer y cómo se asemeja a mi jornada de fe. Comenzó con la rendición. Al diagnosticarme me pidieron que dejara mi plan de vida cuidadosamente construido. Oncólogos, radiólogos, enfermeras y trabajadores de estos casos se hicieron cargo de mi programa diario. Yo ya no estaba a cargo de mi vida y me apoyé en las palabras del salmista: “Que venga a mí tu misericordia, para que viva.”

Al admitir mi vulnerabilidad y acepté la ayuda de amigos y familiares, Yo estaba sorprendentemente bendecido. Mi orgullosa independencia se disolvió, al estar rodeado de amor y apoyo. Estoy convencida de que mi apertura a recibir este amor era esencial en mi curación. “Que en fidelidad me has humillado.” Experimenté como mi cuerpo se fue transformando en el tratamiento, pérdida de cabello, peso y energía. Estaba perdiendo algo más: el cáncer. Yo estaba avanzando hacia la curación. Me di cuenta de que este proceso de separación era un efecto secundario esencial para mi transformación espiritual.

Hoy, gracias a Dios, estoy cuatro años después del tratamiento sin reaparición. El cáncer no es un camino que hubiera elegido, pero afortunadamente descubrí a través de esta experiencia una nueva forma de experimentar a Dios. “Tu fidelidad perdura por todas las generaciones.” ¡Amén!

Señor, abre nuestros corazones para recibir tu amor y gracia. Amén.


Today at St. Paul's

Wednesday, March 29
5 pm: Via Dolorosa/Way of the Cross (continues thru April 12)

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