Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús.Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca, y después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. (Mateo 27:57-60)

José de Arimatea es presentado como él quien toma el cuerpo de Jesús y le da una sepultura. José de Arimatea es un hombre rico, un miembro prominente del concilio Sanedrín y que también esperaba el reino de, un hombre bueno y justo, que no estaba de acuerdo en la decision y la conducta del concilio. Los invito a leer la escritura de nuevo y vivir los acontecimientos con José de Arimatea, cuando él toma, envuelve y coloca el cuerpo de Jesús en la tumba, hace rodar la piedra y se retira. Estas acciones me recuerdan la última cena de Jesús, cuando él tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió, se lo dio a sus discípulos y les dijo: Tomad, comed esto es mi cuerpo ... haced esto en memoria de mí.

Reflexionando en el acto de amor y devoción de José, me gustaría compartir estas palabras de Malcon Guite estraidas de su libro Sounding os the seasons.

Aquí, en el centro de todo, todo esta quieto ...                                 

El amor que se vierte en silencio a las tumbas antiguas,

Él bendice cada amor que llora y se aflige,                                           

Flores renovadas, tendidas en la tierra desnuda,

y hace que nuestra pena los dolores de un nuevo nacimiento.   Nunca se pierde. En él se encuentra todo amor

y siembra en él, una semilla en una tierra rica.

Dios todopoderoso, inspiranos con los actos de cuidado y amor que encontramos en la escritura de hoy. Amén.

 

Nataly Negrete - Fe, Esperanza, Amor

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