Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno. (Juan 10:27-30)

Este verso me recuerda a mi mamá y su novio. Para mí, él es como un padre real. Él me ha hecho cambiar de una forma increíble. Él es la razón por la que soy más sano,  respetuoso, fuerte y muy trabajador. Amo este hombre y agradezco a Dios por haberlo traido a la vida de nuestra familia.

Oro que cada persona tenga alguien en sus vidas que les haga sentir bien y seguros. Y oro que cada uno conozca que Dios los ama.

Steven Vargas - Estudiante de Segundo año de la Escuela de Secundaria Lamar.

Comment