Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. (Romanos 8:26-27)

 Esta es una historia acerca de poner la otra mejilla. Recuerdo cuando yo salí herido de aquí en St. Paul algunos años atrás. Un joven me atacó después de que él había tomado drogas, que compró con el dinero que le dio uno de los ministros para ayudarlo. Cuando el joven volvió más tarde ese día me di cuenta de que estaba bajo la influencia de drogas. Estaba sudando profusamente, actuando agitado y estaba tratando de entrar en la iglesia. Me atacó y me arrojo de un lado a otro y me lesioné. El joven se alejó ...

 Unos siete meses más tarde volví a trabajar. Un día noté que un joven  caminó hacia nosotros por Calumet, cuando todavía era una vía pública antes de fuera propiedad de St. Paul. Era un hombre joven y una mujer joven. Comencé a caminar hacia ellos y cuanto más me acercaba me di cuenta de que era el joven que me atacó. Cuanto más se acercaba, más odio sentí en mi corazón hacia él. Cuando llegué hasta ellos me  preguntaron si tenía algo que pudieran comer porque tenían hambre. Así que fui y les conseguí algo de comer. El joven ni siquiera se dio cuenta de que yo era el chico a quien le había hecho daño.

 Agradezco a Dios por ayudarme a poner la otra mejilla sin problemas.

 Billy Burks - Tu equipo de salvación

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