Porque desde el menor hasta el mayor, todos ellos codician ganancias, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el engaño. Y curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: "Paz, paz", pero no hay paz. (Jeremías 6:13-14)

Desde el más pequeño hasta el más grande, declara el profeta Jeremías, no hay una persona que esté libre de pecado. Hay una característica común entre cada gran predicador y maestro; los músicos más talentosos, cantantes y artesanos; los que tienen años de educación especializada y los que no tienen educación formal; adoradores fieles y los que nunca han entrado en una iglesia. El común denominador es que todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, como la Biblia nos dice en Romanos 3:23. A pesar de los honores y distinciones, la riqueza y el estatus que uno pueda adquirir en la tierra, todos todavía no están a la altura de la gloria de Dios. Nos quedamos cortos de una forma, según el profeta Jeremías, por tratar falsamente - ignorando o maltratando a los heridos de Dios.

¿Es suficiente para comprometernos a orar y adorar, o permitimos que la adoración nos mueva en el servicio al mundo? La gente alrededor de nosotros sufren de muchas heridas físicas, espirituales, mentales y emocionales. Cristo es, en efecto sanador y nos invita a ofrecer su presencia sanadora a otros. Seguir el camino de Cristo es convertirse en una presencia sanadora para los que sufren en el mundo. Este tiempo de Cuaresma, se nos llama a estar atentos a nuestro quebrantamiento personal - nuestro pecado, nuestras heridas - para que podamos buscar la curación de Dios en nuestras vidas, que  nos posesiona mejor para ofrecer la verdadera paz a los heridos de Dios.

Dios de Paz, te agradecemos for sacrificar a tu Hijo, Jesucristo, quien sana a todos nuestros heridos. Ayúdanos a ser testigos de tu gran y generoso amor en palabra y hecho. Amén.

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