“Si es pecador, no lo sé respondió el hombre. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo”.

Juan 9:25b

La ceguera nos afecta a todos en nuestra vida diaria, en nuestras relaciones, en nuestras interacciones con los demás. En este pasaje de Juan, este hombre, que una vez  fue ciego, nos  enseña a todos los que vemos que el poder de Jesús no está contenido en sus acciones, pero en él.

 

En este tiempo de Cuaresma, abramos nuestros corazones y mentes para ver y sentir la presencia de Dios en nuestras vidas.

 


 Tiffany Tchakirides

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