“Los israelitas habían altercado con él y provocado al Señor al decir: «¿Está o no está el Señor entre nosotros?”. Éxodo 17:7

 

A mí me gusta quejarme. El trafico esta terrible. Mi computadora no es lo suficiente rápida. El perro no tiende a hacer sus necesidades lo suficientemente rápido cuando caminamos.

 

Estoy en una buena compañía, después de Dios libero a los Israelitas de la esclavitud de Egipto, ellos comenzaron a quejarse de las condiciones durante su viaje en el desierto. Se quejaron de la falta de agua y cuestionaron si Dios los había sacado de la esclavitud sólo para perecer en el desierto. Ellos no perecieron, por supuesto, pues Dios proveyó agua de una roca.

 

Hace algunos años actué como Moisés mientras enseñaba en la escuela nacional. Ellen Edwards sugirió que usemos la fuente de la plaza para enseñar la historia. Desde entonces, cuando miro a la fuente recuerdo que Dios provee para nosotros – aunque nos quejemos. Recordemos que el amor de Dios es más poderoso que nuestras quejas.

 

Amado Dios, en este día ayúdanos a recordar que tú nos cuidas a pesar de nuestras dudas y quejas.

 

 

                                                                                                Bob Brown

 

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