“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16

 

Al leer este pasaje pienso en mi propio hijo y mi hija. La idea de dar a mi hijo o hija para salvar la vida de otros es algo que no podría hacer, no importa que tan noble sea la causa. Dios dio a su único hijo para salvarnos sin importar si sentimos que somos dignos de este don excepcional.

 

Luego, Dios nos da la opción de decidir si creemos en Jesús. El amor que Dios tiene para nosotros es tan abundante y él no nos exige nada. Dios provee la opción de creer en su hijo como un camino hacia la vida eterna.

 

Gracias, Señor, por dar a tu hijo para salvarnos de nuestros pecados, este don excepcional nos  ofrece la oportunidad de la vida eterna, Amén.

                                                                                                Mark Merritt

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