A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?. Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmos 121:2

 

Este salmo describe una experiencia universal- sentimientos de duda, desesperación, soledad, desamparo, cuando nos preguntamos, "¿Dónde podemos encontrar a Dios?" Incluso Jesús se sintió abandonado, en la cruz. El salmista nos recuerda que Dios no nos abandona. Él está siempre en nosotros, como nosotros  en Él, quien nos creó con una mente y talentos, que nos ayudan adoptarnos y resolver los retos con los que nos enfrentamos. Él también responde a nuestras necesidades a través de nuestras familias, amigos y comunidades. No estamos solos.

 

Eterno Espíritu, ayúdanos a reconocer tu consuelo y amor tal como se expresa en las palabras y los actos de aquellos que se preocupan por nosotros. Oramos para que  la sensibilidad, la fuerza y la compasión puedan permitir que tu amor viva en nosotros y que fluya a través de nosotros en respuesta a nuestras hermanas y hermanos. Amén.

 

Rev. Roy Biser

 

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