“Dichoso aquel

    a quien se le perdonan sus transgresiones,

    a quien se le borran sus pecados. Muchas son las calamidades de los malvados,

    pero el gran amor del Señor

    envuelve a los que en él confían”.  Salmos 32:1a,10b

Es inútil ocultar nuestro pecado de Dios, porque sólo te mientes a ti mismo cuando dices ser libre de culpa. Con este tipo de mentira sólo se pudre tu cerebro hasta la médula. Vuélvete al cuidado de Dios quien te espera con manos abiertas. No importa lo quebrantado que estés, entrega tus pecados y transgresiones a Dios, él no sólo limpiara su conciencia de culpable también salvara su alma. Una mente libre del peso del pecado es una mente capaz de amar más fácilmente.

 

Dios, ayúdanos a volvernos a ti a tus cuidados y a tus manos abiertas. Amen.

 

                                                            Patrick Golden, St. Paul’s Youth

 

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